Perros, todos muy bellos
La semana pasada un bucanero pasó por mí en su barco para asistir a una exposición de perros con todo y concurso de belleza. Nunca había visto uno y me divertí mucho, aunque viendo a los sujetos equivocados: los manejadores. Son todo un espectáculo de lambisconería que se echan pedazos de hígado o de molleja en la boca para luego sobornar al perro para que se quede parado derechito o para premiarlo por portarse bien y que siempre miran de reojo para ver si el juez está viendo a sus perros.
Otros sacan cepillos quién sabe de dónde para retocar el peinado del perro cada que éste da dos pasos.
Los perros, por su parte, me maravillaron todos.
Decidí que me gustan los Bull Terrier, con sus ojititos pequeñitos y su frente redondeada. También me gustó el Lobero irlandés –creo que así se llamaba- con su look edgy y medio punk. Me sigue gustando la idea de tener uno y ponerle un collar de cuero negro con piquitos, aunque ese hombre esté convencido de que es lo peor que puede hacérsele a un perro.
Yo creo que el perro sería feliz, siempre y cuando uno juegue con él y le sobe la panza on a daily basis y no le afectaría si su collar es de colores rasta –como el de Kiwi- o de cuero negro con piquitos, como era mi plan para el lobero, pero en fin. Allá el bucanero y sus ideas =)
Pero volvamos al concurso… ahí estábamos parados cuando salió un perro muy grande y esbelto, de cara alargada, medio rarito y de inmediato me lo imaginé en otra época, con un lacito blanco de la mano de una mujer muy emperifollada.
Ese hombre dijo: a ese borzoi siempre lo traen, pero siempre le va mal…
El borzoi en cuestión quedó en cuarto lugar de su grupo. Yo atribuí su mala fortuna al peinado à la despreocupé pero esa es la opinión de una persona poco ilustrada en el tema de la belleza canina, así que no hagan caso.
Me quedé pensando si el perro se sentiría frustrado cada vez que lo meten en su kennel y lo llevan a donde él de seguro se imagina que va a haber un concurso. Si cuando lo empiezan a peinar no suspira caninamente pensando ahí voy otra vez… si no llorará para adentro cada vez que le va mal. Me lo imagino mirando a sus amos, enviándoles mensajes telepáticos: ya no me lleven, ya no me lleven…
Todo eso me hizo pensar el borzoi, que de haber sido humana seguramente habría tenido más éxito en las pasarelas. El borzoi, al igual que las mujeres de su país, era alargado, elegante, rubio, con facciones interesantes.
Pero le tocó ser perro y competir contra muchos otros perros y perder ante un Xoloitzcuintle que, la verdad, estaba hermoso.
Se paraba quietecito viendo fijamente a su manejador. Posaba y apretaba las nalguitas…
Mientras lo veía y cuando resultó ganador del concurso, recordé la plática que sostuve con ese hombre cuando atravesábamos Monte Albán bajo la lluvia y le decía que me gusta cómo representan a los pueblos indígenas de México: morenos, mamados, muy varoniles aunque anden en taparrabos… y nos preguntábamos si subir y bajar tanta escalera infame en tanta pirámide no habría contribuido a su buenor.
Me pregunto ahora si los perros también eran sometidos a ese subir y bajar de escaleras y por eso existen ejemplares hermosos, lampiños, negros… con un copetito como decoración.