Esta mañana mientras caminaba por el estacionamiento vi algo que me llamó mucho la atención, como al resto de la gente que conformábamos la manada de recién llegados.
Una mujer, de las que Idro calificaría como gordibuena, caminaba muy mona con una faldita blanca de lino y zapatos de tacón.
Ya sabemos que el zapato de tacón hace que el trasero se mueva mucho al caminar. Pues bueno, la muchacha andaba muy mona con su faldita blanca de lino -transparentoso- … sin fondo.
Yo vi, los muchachos de adelante vieron, la muchacha de al lado vio, sus conocidos la vieron enseñando a través de la falda… sus chonecitos.
Lo más notable es que a pesar de su gordibuenor la nalga parecía estar bastante firme…
Lo malo es que… pues ya todos sabemos que trae de esos chonecitos cacheteros que no cubren del todo la nalga, pero tampoco la dejan del todo descubierta. Eran blancos y con encajito en las orillas.
Cuando entré al edificio ella se estaba despidiendo de sus conocidos y empezó a caminar a mi lado… y yo me debatía y me debatía: ¿le digo? ¿no le digo? ¿le digo? ¿no le digo?… quería decirle que si quería yo iba personalmente a comprarle un fondito… ¡pero no me atreví! Argh!!
He traicionado a mi género. Porque como a eso de las 10.30, cuando ya se haya tomado el cafecito o su primer bote de agua del día y vaya al baño, se verá en el espejo y se dará cuenta de que se le ven los chonecitos…
Tssss que mal momento, qué mal momento…
Hice mal, ¿verdad?. Pero creo que los muchachos estarán contentos con mi traición.
Gordibuena de nalga firme y chonecito a la vista… ¿qué más se puede pedir?