Sunday, May 31, 2009

Figuraciones tuyas, Dalígula…

Cuando llegamos aquí el miércoles por la tarde -a la Universidad de Thunderbird en Phoenix, AZ- y nos llevaron a nuestras habitaciones, lo primero que percibí fue el olor a viejito del cuarto. Un poco distinto al olor a viejito del hotel provincial de Nueva Orleans, pero olor a viejito al fin y al cabo.
Este era olor viejito cuarentoso, según yo. De días de sol y dramas, mientras que el de NO era olor viejito más retro, como que con corsés.
Sólo yo me entiendo. 
Pero sí cambian los olores. Por ejemplo, el olor a viejito de aquella casa rara de Linares a donde fui a una reunión-piyamada hace muchos años, era olor a viejito de ropa de lana café cosida a mano, allá por los años dieces y veintes.
Como dije, sólo yo me entiendo.

Pero bueno, el caso es que el olor fue lo primero que percibí sobre el cuarto. Lo segundo fue la vibra cada que entraba a la habitación.
Odio admitirlo, pero me daba miedo entrar. Siempre pensaba que al abrir la puerta del baño iba a ver una mona como la verdosa que le sale al Jack Nicholson en
the shinning.
Afortunadamente en solo una noche descubrimos que no era un cuarto apto para compartir y al día siguiente por la tarde me mudaron con todo y compañera a una habitación con dos camas, de olor neutral.

Pero regresando a los olores retro, el segundo día, antes de la mudanza, ocurrió que el Dr. M nos dio un tour por el campus y resultó que esto, antes de convertirse en escuela de negocios, fue un campo militar. Una base de la fuerza aérea, si no recuerdo mal; y al parecer algunos de los cuartos del hotel están construidos en lo que antes fueron las barracas, las habitaciones de los soldados.
Y entonces comprendí todo: no es que una sea miedosa nomás porque sí, no. Yo namás me dediqué a percibir las vibras.

Y ahora la gente puede pensar que son figuraciones mías, y pues una respeta las opiniones de cada quien.
Yo sólo sé que, muuuy de vez en cuando, de repente me da por percibir cosas raras.
Y si no pregúntenme de mi episodio en el museo de carrozas en Fort Worth, TX para que vean qué chido se siente que un objeto inanimado te empiece a chupar la energía, dejándote con las rodillas flojas y un desasosiego verdaderamente intenso.

Pero no reniego, no. De hecho sería más feliz si los episodios fueran más frecuentes y controlables.
Sería chido estar en comunión con cosas ocurridas hace tiempo, con objetos y sus historias: con el chisme histórico que tanto me gusta.

Posted by *Daligula in 02:27:40
Comments

2 Responses

  1. Montserrat says:

    Dal preciosa, ¿onde andais? ¿Todavía sigues en Phoenix con los fantasmitas??? Porfa postea algo, te extraño o mandame un mail para saber a donde escribirte.

    Abrazos cariñosos,
    Montserrat.

  2. Anonymous says:

    Hola Montse!
    Nop, ya regresé al rancho, pero he andado como el demonio de tazmania, dando vueltas y vueltas a mil por hora.
    Aquí ando.. ya merito posteo, lo juro..

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