Tuesday, October 31, 2006

indecoroso

El semáforo cambió a rojo y me detuve en la calle mojada.
Los faros iluminaron la calle y pude ver las tripas del carro de adelante: mofle, ejes, alambres y otros fierros que no reconozco.

 

Me maravillé por la física, los ángulos, la luz y el agua que crearon ese gran espejo, y desde entonces pienso que de haber estado tu parada ahí, con tu minifalda, el espectáculo y mis recuerdos serían otros.
 

Conjeturas sobre modelos de ropa interior y lo que mostrarían crean imágenes que no dan sosiego a mi espíritu.
Oh! nena, nena.

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Friday, September 22, 2006

bad wishes

No mover un dedo.
Ni uno, ni diez.

Pasar la vida sin parpadear, hasta que el ojo seco sea una pasa.
Pasa ciega de mirada imposible. Mejor no ver que ver lo que pasa.

Querer despellejarse, esperando el brote de una nueva piel.
Nueva piel con nueva cara, pensamientos, vida, obra y omisiones
Por tu culpa! tu culpa! tu grave culpa!

Pasar la vida saltando de excusa en excusa.
Yo siempre inocente y los demás culpables.
… y es que yo no sabía.
Es que   es que   es que

No mover un dedo.
Ni uno, ni diez.

Brotar, crecer, reproducirse, morir.
Todo en tres segundos y por siempre.
Sacudiendo la cola para espantar las moscas.
Nadie quiere batallar.
Yo no quiero batallar.

Harta de batallas, ya no batallo.
Batalla tu.
Hoy no quiero mover un dedo.
Ni uno, ni diez.
Ni un pelo.

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Monday, September 11, 2006

pequeño cuento, muy malo

… y sin título

Todas las noches lo mismo: Beto sale de la oficina, cruza el estacionamiento y se sube a su camioneta que, como siempre, ha dejado estacionada frente a una gran barda blanca.
Todas las noches lo mismo. Enciende las luces que se reflejan en la barda y lo enceguecen.
Invariablemente esta luz que lo ciega echa luz sobre toda su miseria. Lo sabe, pero sigue estacionándose donde mismo, el muy masoquista. Canta su tema inventado: me odio, me odio… pero no puedo cambiar. 

Del trabajo a su casa siempre hay una parada en el videoclub. Pero no es que nuestro Beto sea fanático del cine. La verdad es que siempre toma los documentales de la vida salvaje que son gratis. Obvio que los encargados ya lo miran feo, pero no pueden hacer nada en su contra. Se vale, puede hacerlo, nos chingamos. Cada noche lo mismo. Eso, y una cena asquerosa en la soledad de su casa, viendo el documental.   


Una vez salió con una compañera de trabajo, Marilú, que se sentía sola y no tenía nada que hacer.

Como siempre, pero esta vez acompañado, Beto cruzó el estacionamiento, se subió a la camioneta, la luz lo volvió ciego y a pesar de la compañía, sus miserias seguían donde mismo. Volteó a ver a su amiga, sin decir nada.
- Beto, ¿qué te pasa? ¿estás bien? Beto, contéstame…

Sí, amiga. Debiste abrir la puerta y escapar, como estabas pensando. Soy un tipo muy extraño, ya lo verás. 

En el videoclub Marilú vive sus primeras decepciones. No puede elegir ninguna película, pues la visita es de entrada por salida. Al ver a Beto entrar, tomar dos documentales de la vida salvaje –Grandes felinos y Gorilas, tiernos gigantes- y enfilarse al mostrador, pensó que quizá Beto no tenía dinero, pero ni cómo ofrecerlo… las mujeres no hablan de esas cosas. ¿Quieres palomitas, Beto?.
Beto no quería.
La verdad es que no tiene horno de microondas. 
  

Marilú se sienta. Qué asco de casa. Vive solo, obviamente… y no ha de tener muchacha. Espera no tener que ir al baño.Las dos pizzas que Beto pidió acaban de llegar, por lo tanto sí tiene dinero. Ella no entiende qué pasa con esos documentales… hubiera preferido ver algún estreno, en vez de esas cosas, pero en fin.  


La voz del narrador no miente. Marilú sabe se aproximan a esas escenas que la hacen sentir tan incómoda.
Ay!… ¡ahí está! ¡a mi no me interesa cómo copulan los gorilas, esos tiernos gigantes!.
Voltea a ver a Beto para hablar de cualquier cosa, cualquier cosa menos seguir escuchando esos detalles tan íntimos. Pero Beto está alelado. Lo llama una, dos veces y Beto no contesta.
La resignación de Marilú sigue el camino de los botones de la camisa de Beto, su hebilla… ¡Dios mío! ¿qué es eso?
¿Qué te pasa? ¿nunca habías visto una? Es una erección. Me excita ver animales copulando. ¿Te molesta?.

Beto se acomoda otra vez en el sillón y regresa la escena. Pinche Marilú me interrumpió. Mientras llega al minuto treinta y dos con dieciocho segundos, le dice sin mirarla: sí amiga. Debiste abrir la puerta y escapar, como estabas pensando. Soy un tipo muy extraño, ya lo ves. 

Marilú cierra la puerta con cuidado, para no dejar caer las dos rebanadas de pizza que lleva en la mano. Deja a Beto viendo sus cochinadas con tranquilidad. Se despidió sin armar una escena y eso la enorgullece. Se siente una mujer muy moderna y comprensiva, pero aún tiene hambre.

Camina, comiendo su pizza. No tiene miedo, no está asustada. En el fondo cree comprender a Beto, pobrecito, siempre tan solitario y mal peinado, pero ¿por qué con animales?. 

Lo único que la inquieta es cómo Beto supo lo que ella estaba pensando cuando horas antes en la camioneta ella pensaba en abrir la puerta y escapar. Aunque se siente muy moderna y comprensiva, no sabe si es buena idea llamarle el lunes, nada más para preguntar.

Posted by *Daligula in 16:31:15 | Permalink | Comments (2)

Thursday, September 7, 2006

evita el exceso

… sus negras y largas pestañas lucían tan negras y pobladas que la envidié.

Cuando se acercó me di cuenta de que mi envidia se había gestado en vano, pues la negrura y espesura no eran otra cosa que maquillaje en exceso.

No eran ojitos dormilones. Es que sus párpados pesaban tanto que no podía abrir más el ojo.
No eran pestañas bellas. Era un disfraz descarado, un derroche de recursos, un desperdicio.

Tanto grumo, tanta pasta… ni sombra de una pestaña, pues se habían unido todas en una.
Todas formando un techito, una palapita negra para evitarle molestias a la pupila fatigada por el sol.


 

Posted by *Daligula in 23:50:29 | Permalink | No Comments »

Thursday, April 20, 2006

cuento sin moraleja

‘Las mil y una noches reloaded’ 
Perdón por el nacor.

La escena de desarrolla en un palacio de algún lugar de Oriente Medio. Telas y brocados cubren las paredes. Sherezada luce sus encantos a través de la delicada gasa con que están hechos sus pantalones. El Rey bosteza. 
Hace calor.

[Sherezada speaking]
He llegado a saber, oh! Rey afortunado que existen patos que quieren tirarle a las escopetas…

[The King asking]
Are you sure sweetie? did you see them?

[Sh. Answering]
Oh no, yo no los vi, pero a mi me dijeron que…

[The King, very enojado]
¡Muchacha estúpida!… a mi no me vengas con cuentos.

[Sh. Answering]
… pero… pero.. ¡a eso me dedico!

[The King, más enojado]
¡A callar!… estoy harto. ¡Guardias!

Los Guardias llegan y taconean al saludar.

[The King]
¡Llévense a esta bellaca y retuérzanle el pescuezo!

[Guardias se miran con ojo desorbitado. Tembloroso, uno se atreve a abrir su sucia boca]
.. Oh, Rey! no podemos hacer eso…

[The King, reacciona violentamente]
¿¿QUÉ??

[el guardia machín]
… No podemos retorcerle el pescuezo a la muchacha porque en el libro sucede otra cosa.

[The King... resoplando como toro enojado y con el ojo a la mitad]
¿Ah no? ¿y qué sucede en el libro?

[el guardia machín, dudando]
Eeee… En el libro ella sobrevive a su maldad. Usted no se atreve a matarla porque le encantan sus cuentos.

El rey voltea a ver a Sherezada, que le dibuja una sonrisa temblorosa y saluda con su manita llena de anillitos. 

[The King]
Pues bien… si eso dice el libro yo no tengo ningún problema.
… Lamentablemente para todos estamos en la versión del director, o sea yo, y confieso que estoy harto de esas patrañas.
Llévensela y retuérzanle el pescuezo.

Los guardias dudan un momento. Se miran. Miran a Sherezada y ambos piensan que está muy buena. Vuelven a mirarse uno a otro.
Caminan hacia el Rey y le retuercen el pescuezo.


Sherezada había llegado a saber de los patos que le querían tirar a las escopetas debido a sus tratos con el guardia que no era el machín, sino el otro. Al ver la heroica actuación del machín ella decidió que le convenía más que el otro que ni siquiera había abierto el pico para defenderla, así que una vez muerto el Rey ella miró al machín y ambos supieron lo que había que hacer.
Entre los dos le retorcieron el pescuezo y arrojaron ambos cadáveres al aljibe del patio.

Nadie pareció extrañar ni al rey -porque a todos les caía gordo- ni al guardia coyón -ídem- pero cuando todos en palacio contrajeron terrible infección estomacal y alguien notó los olores fétidos en el patio, la verdad salió a la luz.
Todos olvidaron lo mal que les caía el Rey y el guardia. Rescataron los cuerpos y diéronles ceremonia de honor y sepultura decorosa.
A Sherezada y al Guardia machín entre todos les retorcieron el pescuezo y arrojaron sus cuerpos al corral donde estaban los cerdos que fueron contratados para la ocasión.

Una vez que los cerdos acabaron con el festín, fueron exportados a un país donde alguien los convirtió en carnitas que se vendieron en un mercado y tuvieron mucho éxito entre los infieles.

Posted by *Daligula in 21:09:42 | Permalink | No Comments »