A mi perro, a mi perro…
Mi perro nuevo, que es niña, representa para mi un reto tipo mi bella dama.
De plano la bajaron del cerro a tamborazos, digo yo, porque en estos días que hemos convivido me ha dado muestras de ello.
Entonces, con miras a hacer de ella un perro más civilizado, el primer paso fue cambiarle el nombre.
Se llamaba Brandi, pero el nombre no me gusta porque suena a cantante gringa y porque hemos de recordar que yo sólo reconozco la cheve como bebida alcohólica legítima, así que tras rebotar el tema con la hermana, me decidí por Luna.
Luna. Porque siempre me ha gustado el astro y también la palabra. Y en un sentido figurativo, porque me gusta la idea de que la luna está en mi patio.
Pero el cambio de nombre es apenas el primer paso en esta aventura de hacer de ella un perro civilizado…
A. Pelota
Luna no sabe jugar a la pelota.
Yo se la aviento y ella la ve, me ve a mi y mueve el rabo.
Después de tres días de entrenamiento he logrado que vaya y la huela… pero luego me voltea a ver a mi… y vuelve a mover el rabo.
En su defensa sólo puedo decir que por más esfuerzo que hace el pobre animal, jamás podrá morder la pelota, jejeje… ¡le queda grande!
Pero ni los palitos de carnaza que le pongo la han motivado a mover la pelota de un lado a otro.
B. Carnaza
Le compré un huesito de carnaza para que se entretenga. Le puse el huesito en el piso y lo veía de lejos. Me miraba. Miraba al hueso. Daba un pasito pa’trás. Me miraba.
Después de no se cuánto rato en el que yo agarraba el huesito y mira Luna, huesito, huesito y de Luna dando pasitos para atrás, al fin se atrevió a dar uno y dos y tres pasitos al frente, olió el huesito y oooooooh! huele rico, eh! y lo pateó y todo y lo mordisqueó.
Mientras la veía me imaginé que dentro de su coquito sonaba una versión canina del tema de 2001: Odisea del espacio.
C. Correa
Luna es como un Mustang: bronca, salvaje… ama la libertad. Por eso ayer que le puse su correa para que me acompañara a regar el seco pasto que adorna mi hogar, no no no no, qué escena.
Luna, ven y Luna con las 4 patas bien plantadas en la tierra y de aquí no me muevo y hazle como quieras.
Tonto animal. Yo que quería que saliera tantito…
Y entonces regar fue un drama porque si bien logré que pasara del pasillo y saliera al patio de enfrente, agarró un lugarcito y de ahí-no-se-movió.
Pero para nada.
Por más que me agachaba yo y le hablaba con cariñitos, la méndiga Luna nomás moviendo el rabo pero no-se-movió.
Y yo regando con el brazo estirado para un lado y el otro estirado para el otro lado para no ahorcar al pobre animal.
Yo que pensaba llevarla de vez en cuando al parque de perros que está en el Tamayo, para que corriera tipo Bambi, con toda libertad… y si bien aún no lo descarto me doy cuenta del trabajo que tengo por delante para domesticar a ese perro rejego, bajado del cerro a tamborazos…
La simple idea de meterla en un kennel me eriza el espinazo, ja ja.
Ay! méndiga Luna.
Pero la extraño =’(
Cuando salgo en la mañana me llora, y cuando trae ganas de ser dramática saca una patita por entre la reja y la estira como diciendo no te vayas!, no te te vayas mamacita!
Y cuando llego en la tarde, la misma historia. Chilla y chilla hasta que logro llegar al patio y salir y agarrarle la barriga y corretearla un rato.
Jejeje… Luna, lunera. Cascabelera =)